¿Imprimes tus Fotografías?


No parece haber doble lectura en que las fotos se ven distintas impresas que en una pantalla. Ganan en presencia y textura, como que “cobran vida”. Sin embargo, las cifras parecen inclinarse a que hemos perdido la costumbre de pasar las fotos a papel.

Yo no tengo miedo en admitirlo: imprimo muy poco. Pero es algo que quiero cambiar y por lo que estoy trabajando.

Hace un tiempo atrás indagué entre mis ex alumnos de los talleres de fotografía con una pequeña encuesta. Les consultaba en un breve formulario sobre sus costumbres. Obtuve 107 respuestas que creo pueden ser una orientación para poder desarrollar este post y analizar el fenómeno.

Las preguntas daban diferentes opciones y también dejaba la opción “otra” abierta. Es por ello que en los gráficos se observan muchas respuestas diferentes y que, en algunos casos, suenan reiterativas y se pueden clasificar dentro de un ítem más global.

Luego de revisar las cifras, te dejaré una pequeña reflexión respecto de la costumbre actual de almacenar todo en formato digital.

¿IMPRIMES TUS FOTOGRAFÍAS? REALIDAD GENERAL

Considera que la muestra es pequeña. Son 107 personas, ex alumnos de La Serena y Rancagua. No da para considerarlo un análisis de mercado muy confiable, pero si marca algunas tendencias interesantes de analizar.

La primera pregunta era sencilla: ¿Imprimes tus fotografías?

Como puede observarse en el gráfico, el 57% respondió negativamente a la pregunta. Era algo que me esperaba, aunque por un margen menos estrecho.

La segunda pregunta era enfocada en quienes sí imprimían: Si su respuesta es sí, ¿Dónde Imprime?

Se daban varias alternativas y estas fueron las tres primeras mayorías en orden de preferencia (considera que el 100% se completa sumando a la gente que señaló que NO imprime):

  1. Imprimo en tiendas especializadas – 26,2%
  2. Aprovecha ofertas de ocasión (Groupon o similares) – 15%
  3. Imprimo en casa – 7,5%

La tercera pregunta indagaba entonces sobre las razones de quienes declaraban que no imprimían. En orden de preferencia destacaron (considera que el 100% se completa sumando a la gente que señaló que SÍ imprime):

  1. No tengo tiempo (para ir a imprimir o para seleccionar las fotos) – 15,9%
  2. Es muy caro – 10,3%
  3. No encuentro un lugar confiable (en relación a la calidad de impresión) – 8,4%

Y SI IMPRIMERAS…

La misma encuesta forzaba a las personas en ponerse en la situación de que sí imprimieran. Tres preguntas derivaban de este tema.

En la primera se aborda la importancia que se le da a la relación de precio y calidad.

Se puede apreciar que la gran mayoría prefiere una combinación entre precio y calidad de impresión mientras que, en segundo lugar, la calidad se impone por sobre el precio.

En la siguiente pregunta planteamos la pregunta para saber qué tipo de fotos imprimen o imprimirían.

Un alto porcentaje de la muestra considera que imprime o imprimiría fotos mixtas entre recuerdos familiares y de su portafolio personal. En segundo lugar se impone la opción de imprimir mayoritariamente sólo fotos relacionadas con “recuerdos familiares”.

Finalmente, la interrogante venía planteada para saber el uso que le darían a las fotografías.

Sobre el 55% de la muestra señala que sus fotos tendrían un destino mixto entre enmarcado para decoración y álbumes de recuerdos familiares.

La pregunta tipo “bonus track” era para tener información sobre la preferencia en tamaños de impresión. La elección de 13×18 cm fue la más votada.

REFLEXIONES SOBRE LOS RESULTADOS

De la información recopilada se pueden desprender varias conclusiones. No profundizaré mucho en ellas, sino más bien lo dejaré abierto a tus propias interpretaciones.

Sí diré, a nivel general, que me quedo con la sensación de que el porcentaje de gente que imprime podría ser muchísimo mayor si no fuera por el factor “tiempo”.

Y esto no pasa sólo por un tema de asistir a un lugar de impresión. Parece ser que el problema es mucho mayor debido a la cantidad de archivos que generamos a diario. Ello nos lleva a almacenar demasiadas imágenes que, a la hora de elegir cuáles imprimir, hacen que la selección se vuelva una tarea tediosa y poco estimulante.

La forma de visualizar nuestras imágenes ha cambiado. Y en esto tenemos ventajas y desventajas también.

Como muestra esta pequeña encuesta, en un alto porcentaje, el destino final de las fotos digitales es un disco duro o una tarjeta de memoria. Y si las queremos ver, recurrimos a una pantalla o monitor.

El destino final de las fotos análogas, en su totalidad, es una copia impresa. Y si queremos verla, la almacenamos en un álbum de fotos (qué antiguo suena esto).

Con el disco duro podemos almacenar miles de fotos, por lo que ganamos en espacio y capacidad. Pero también encontramos desventajas claras.

Citando al fotógrafo español, José Benito Ruiz, te diré que existen dos tipos de disco duro: Los que se rompieron y los que se van a romper. Y es una realidad clara y angustiante.

Nuestras fotos almacenadas en un disco duro no existen realmente: ¿Lo habías pensado? O sea, están pero no están.

El viejo y confiable album de fotos familiares lleva varios años en el mismo lugar, y las fotos pueden mantenerse allí por varias décadas más aún.

EL RIESGO DE NO IMPRIMIR

Nuestros discos duros, tarjetas o computadores, pueden fallar en cualquier momento. Una caída, una subida de voltaje, una falla por el desgaste de los años de uso, etc. Si no tenemos respaldo, el riesgo de que pase alguna catástrofe está presente en cada día. Basta una sola falla para perder todo el archivo fotográfico que hemos demorado años en construir.

Incluso el ser víctimas de un robo reviste un riesgo mayor si no imprimimos. Es altamente improbable que se roben los álbumes de fotos familiares cuyo único valor es el emocional. Pero que nos roben un disco duro, un notebook, un tarjeta de memoria, la propia cámara, que si tienen un valor económico, es muchísimo más probable.

Las posibilidades de respaldo en la actualidad se van modernizando. El uso de una nube virtual, por ejemplo. Aunque con todos los ataques cibernéticos que se reportan burlando la seguridad de los sistemas informáticos más avanzados del mundo, creo que tampoco es para quedarse demasiado tranquilo. Esto sin mencionar el costo de mantenimiento asociado para tener un espacio significativo, que no es bajo.

Debemos avanzar en la costumbre de imprimir. Y hacerlo con calidad, para garantizar que las imágenes no se degradarán a los pocos años por la baja calidad del papel o de las tintas.

Debemos tomar consciencia de lo frágil que puede resultar hoy almacenar imágenes. Estamos expuestos a muchos riesgos que podríamos minimizar si lleváramos un archivo fotográfico ordenado que nos facilitara la tarea de seleccionar e imprimir.

La fotografía tiene ese componente emocional que debemos considerar con mucha seriedad. El día que perdamos esas imágenes que atesoramos digitalmente, la sensación de dolor irreparable nos acompañará por un buen tiempo.

No quiero que suene a campaña de terror, te confesé que yo mismo no tengo la costumbre de imprimir. Pero he reflexionado mucho sobre este tema y decidí enmendar el rumbo.

Espero con este artículo hacerte reflexionar para que lo empieces a enmendar también.

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